Entrevista El Mundo

Cercana y muy amable, decidida a subrayar la condición médica de su trabajo por encima de otros matices, Marta Serna forma un equipo muy bien compenetrado con su esposo, Ferran Sanjuan. Sus argumentos son claros y los expresa con vehemencia si hace falta.

A finales del año pasado se constituyó la Asociación de Medicina Estética de Baleares. ¿Por qué ha tardado tanto en existir?
Yo ya di los primeros pasos para su constitución hace ocho años, pero siempre topamos con dificultades en el Colegio de Médicos. Ahora, con el presidente actual [Antoni Bennàssar], hemos encontrado al fin las puertas abiertas. La noticia es importante, por un lado, para los profesionales: esto nos hará trabajar mejor y permitirá que podamos encarar mejor objetivos comunes. Pero también es relevante para los pacientes y consumidores, porque pasarán a disponer de mayor información sobre quién les puede hacer un determinado tratamiento. Tenga en cuenta que en nuestro campo abunda el intrusismo: hay peluqueras que deciden ofrecer un relleno de labios o un pinchazo de bótox a sus clientas porque han visto un vídeo en internet y están convencidas de que pueden hacerlo. Obviamente, eso no es así. La Asociación es el primer paso para lograr la acreditación de los médicos estéticos, que pasará por demostrar una determinada formación (posgrados, másters, etcétera).


¿Pero eso no se hace ya?
Lo que ocurre es que la medicina no es una especialidad, porque no está reglada vía MIR (sí que lo está la cirugía), de modo que cualquier médico puede practicarla. De hecho, será difícil que se regule como MIR, porque la seguridad social no pagará nunca la mayoría de nuestras prácticas, pero yo espero que sí se regule vía escuela, como ocurre con la medicina deportiva o la de empresa. Lo de ahora es un desorden.


¿Por qué han tenido tantos problemas con el Colegio de Médicos?
Los principales detractores de nuestro colectivo han estado siempre, precisamente, en el mundo médico: era frecuente escuchar que nuestro trabajo suponía una prostitución de la medicina. Nosotros siempre argumentamos que, muy al contrario, la medicina estética es una necesidad que responde a las nuevas condiciones de vida: la sociedad está envejeciendo mucho, la esperanza de vida aumenta, y eso conlleva que la gente desea sentirse bien por dentro, y verse bien por fuera, durante más tiempo. Y además, nuestro trabajo tiene a menudo consecuencias directas sobre la salud del paciente: evitamos problemas de infección, dolores de cabeza... En fin, esto no es sólo un asunto frívolo. Pero la barrera con los otros médicos existía, también porque ellos querían proteger sus propios campos: el dermatólogo no quería que le interfiriéramos, el plástico tampoco... Así que para los sucesivos presidentes del Colegio, lo más cómodo era no bañarse por nosotros. Eso ha cambiado.


¿Se refiera a la actitud del presidente, o también a la del mundo de la medicina?
Ambas cosas. Tenga en cuenta que muchos médicos que antes criticaban la medicina estética, ahora la practican, porque es un mundo sin crisis. Y además, en muchos casos... También son pacientes.


¿No hay crisis en la medicina estética? ¡Caramba, sí que le concedemos importancia al asunto!
Bueno, por supuesto que se ha notado la crisis. Por ejemplo, mi consulta acoge muchas pacientes de clase media, entre profesiones liberales y funcionarias. Y estas últimas han notado mucho la pérdida de las pagas dobles. Nosotros hemos tenido que compensar esta nueva situación de muchas maneras: mediante la contención de precios, que apenas han subido; dando facilidades con los tratamientos; priorizando aquellas acciones cuyo balance coste/beneficio son más favorables... En fin, economizando. No puedes hacer cuatro tratamientos, pero te las ingenias para que uno o dos basten para ofrecer a la gente lo que necesita.


¿El sector se ha reducido con la crisis?
Desde luego, la crisis ha tenido esa consecuencia (una consecuencia positiva) de hacer limpieza. Y también, la de mover las sillas de todo el mundo, obligándonos a ser serios. Hay casos de cierres que he lamentado (pienso en algún ex alumno del Máster), y otros inevitables porque hay gente que no tenía la formación necesaria. Pero también se han puesto en marcha ofertas, a menudo a través de internet, muy perjudiciales para el sector: primero, porque según qué precios sólo se explican por una bajada radical de la calidad. Nuestros márgenes comerciales no son tan altos, y las clínicas serias ya los hemos ajustado hace tiempo. Pero además, ¿cómo puede venderse un tratamiento en internet y sin diagnóstico? ¿Acaso te puedes comprar unos antibióticos sin receta porque están de oferta? Este tipo de prácticas sí que suponen frivolizar nuestra profesión.


Antes se ha referido al intrusismo. ¿Ha aumentado en estos últimos años?
Por un lado, han proliferado las franquicias despersonalizadas, que probablemente tienen un médico pero da igual cuál sea: allí lo importante es el marketing. Y luego, el intrusismo propiamente dicho también ha aumentado, sí: y es un problema, porque una peluquera (vuelvo a poner el ejemplo, sin ánimo de ofender) no está regulada por Sanidad, no está sometida a las mismas inspecciones que una clínica. A ellas las regula Consumo, con criterios idénticos a los que se aplican a una tienda de zapatos. El abismo es insalvable, claro. ¡Y yo no puedo denunciar a esa peluquera, tiene que hacerlo la misma clienta! Por supuesto, eso no ocurre casi nunca. Finalmente, tenemos el fenómeno del médico que va con su maletín a las peluquerías, o a un gimnasio, etcétera. Esto es absolutamente ilegal, por mucho que algunos incluso se anuncien a página completa en la prensa. Es inconcebible que el mercado permita estas cosas.


¿Usted se encuentra a menudo en la situación de denegar un tratamiento innecesario cuando el paciente lo desea?
Cada día. Eso ocurre, más o menos, en un 30 % de las sesiones informativas. Hoy en día ocurre que mucha gente está mal, desesperada, insatisfecha con su entorno social, su vida familiar o su profesión. Y de algún modo, esperan que la estética les devuelva la felicidad. Esto no es así, y el médico responsable debe decirles que para decidir un tratamiento primero tienen que resolver sus otros problemas. Le pondré un ejemplo muy claro: las personas recién divorciadas son, por así decirlo, carne de cañón. Un profesional poco escrupuloso puede sacarles lo que quiere, pero alguien en esa situación lo último que necesita es un tratamiento estético. El éxito de las consultas que funcionan bien es saber cuándo decir sí, y cuándo no.


Existe un concepto interesante, el de 'responsabilidad médica': se trata de discernir qué puede exigir el paciente a quien le trata. En medicina estética, definir su responsabilidad médica ha sido objeto de muchos debates.
Con la mayoría de médicos, firmamos un contrato de servicio. Es decir, uno va al cardiólogo porque padece determinada patología, y ese especialista hace un diagnóstico, aplica un tratamiento, etcétera. Puede que el cardiólogo se equivoque y las cosas no salgan bien, pero entonces, si lo llevan a juicio, podrá demostrar que actuó de buena fe, hizo lo que pudo y puso todas sus herramientas al servicio del paciente. En cambio, a una clínica como la mía se viene normalmente para mejorar algún aspecto estético, y este ya es un terreno más subjetivo. Además, los nuestros suelen ser contratos por resultados: yo te pongo bótox, y el resultado no puede ser que se te caiga un ojo. Pero al mismo tiempo, el paciente firma un documento de consentimiento informado, porque es evidente que hay cosas que pueden pasar aunque sean infrecuentes, y él debe saberlo y atenerse a las consecuencias. Pero en mi campo, el concepto de buena fe no vale: la persona contrata resultados. Aquí está la diferencia. Por eso, nuestros seguros siempre son mucho más elevados.


¿Qué papel puede jugar la medicina estética en la estrategia de ligar turismo y salud?
Eso es algo que nos plantean a menudo, ciertamente. Y se ha intentado, hace años y a través de empresas extranjeras. Pero no ha llegado a cuajar, y le diré por qué: por un lado, eso sólo se puede hacer a través de alguna gran empresa hotelera, y en ese caso la parte médica siempre será un poco accesoria, probablemente no puntera. Y lo que puede ofrecerse a un visitante puntual son tratamientos muy concretos, sin un seguimiento posterior serio, sin una visión a largo plazo. Algo así como un spa. Ese no es nuestro negocio ni nuestra vocación: aquí preferimos trabajar con residentes. Es que volvemos a lo de antes, al peligro de frivolizar: ¿vamos a hacer paquetes vacacionales que incluyan un pinchazo de bótox? Pero, ¿yo cómo sé que a esa persona le hace falta inyectarse bótox? ¿y qué pasa con las revisiones, los posibles retoques, etcétera? A mí todo esto me incomoda, no quiero prestarme a ello. Es verdad que en el caso de la cirugía puede ser distinto: en Sudamérica les funciona muy bien porque la paciente pasa un período de convalecencia muy determinado sin que su entorno tenga que saber nada de la operación. Pero lo que nosotros hacemos es muy diferente, y exige acompañar a la paciente mucho tiempo.


Casi siempre habla usted de sus pacientes en femenino.
[Ríe] ¡Es verdad! Claro, es que la proporción sea tal vez 85/15. Y hace quince años, aquí no entraba ni un hombre. Bueno, sí, recuerdo uno que siempre escogía la última hora y me suplicaba que no hubiera ninguna mujer en la sala de espera cuando él llegara. Esto está cambiando mucho, ahora sí vienen bastantes, pero la proporción sigue siendo clarísima. Y la mitad de los pacientes masculinos son gays. Pero la presión social acabará imponiéndose.


¿Es optimista con lo que pueda pasar este año?
[Contundente] No. No veo a la gente animada. De Guindos dijo hace unos días que el crecimiento estimado del PIB para 2014 se situaba en torno al 1 %. Eso no permite ni genera nada. Si 2014 es un año de estancamiento, de mantenimiento, ya me daré por satisfecha. Y eso si hablamos del pequeño paraíso que es Baleares; en el resto del país la situación es peor. Tal vez en 2015, por lo que evidencian los indicadores macroeconómicos del entorno, pueda darse un ligero estirón. De todas formas, en este país no se ha producido ni un solo cambio estructural relevante. Cuando alguien quiere montar una empresa, se topa con regulaciones tan complejas y pesadas que probablemente acabe desistiendo. Y las presiones fiscales que soportamos los negocios medios son tan bestias que no permiten generar puestos de trabajo ni reinvertir. Lo único que podemos hacer es intentar desapalancarnos financieramente cancelando créditos, para poder soportar la venida de mercado. Pero mientras me desapalanco, no estoy invirtiendo. No me planteo contratar a nadie, aunque pueda necesitarlo. Tendremos que apretarnos más todo el equipo (que en mi caso es fantástico), y tener paciencia. La economía media está quedando estrangulada.


Su Mayor ACIERTO Decir que no. Es más difícil que lo contrario, pero luego el paciente lo recuerda y sabe que puede confiar en tu criterio
Su mayor ERROR Invertir en activos que no tienen impacto directo en nuestro 'core business'. Por ejemplo, no fue una gran idea comprar el local que ocupamos
Su consejo a los jóvenes Comenzar con muchas ganas y poca inversión. Yo empecé con mis manos y mi conocimiento, pero sin equipo. Y salí adelante
EL FUTURO Va a estar muy vinculado a la tecnología, en mi sector y en todos. En cinco años, el mundo habrá cambiado mucho en este sentido, nos guste o no

Acceso a la entrevista en el periódico El Mundo

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