No todos tenemos las mismas necesidades.

Hay determinados compuestos que pueden dar efectos secundarios si se toman en exceso, por ejemplo la vitamina A se acumula en el hígado y pueden provocar cefaleas, náuseas, debilidad muscular, visión borrosa y problemas hepáticos;

el abuso de vitaminas del grupo B y C conlleva nerviosismo, insomnio y cálculos renales y el de vitamina E, hemorragias nasales, además de estar contraindicado en personas que toman anticoagulantes o antes de una intervención quirúrgica.
Un exceso de yodo puede provocar bocio e hipertiroidismo;
el exceso de selenio, caída de pelo, diarrea o apatía;
el de calcio, piedras renales;
el de potasio –suplemento muy popular en las dietas proteinadas–, úlceras, nerviosismo y depresión,
y el de sodio aumenta la tensión arterial.

El consumo profuso de los carotenos, fuente de vitamina A, asume los mismos males que el abuso de esta.

¿Y las isoflavonas? Son parecidos a los estrógenos naturales, por lo que no pueden ingerirse si hay riesgo de cáncer de órganos reproductores.